Voyager Golden Record

“A los creadores de la música, todos los mundos, todos los tiempos”

Ayer, el Grammy dedicado al “Best boxed or special limited edition package” lo obtuvo el Voyager Golden Record: 40th Anniversary Edition, un gramófono cuyo artista central es la humanidad.

En 1977 la NASA lanzó dos naves espaciales, Voyager 1 y 2, para que realizaran un recorrido por el sistema solar y ayudarán a revelar los misterios del espacio interestelar. A cambio de ese divagar y el conocimiento que pudiera obtenerse, la NASA le daba a lo desconocido el Voyager Golden Record, también llamado “The Sounds of Earth”: un vinilo de 12” hecho de aluminio con chapa de oro que viaja en las sondas espaciales y contiene imágenes y sonidos que intentan sintetizar la vida en la Tierra.

Voyager 2 fue lanzado el 20 de agosto de 1977 desde Cape Canaveral Air Force Station, Voyager 1 dieciséis días después. Tras recorrer el sistema solar, Voyager 1 ingresó al espacio interestelar en 2012. Actualmente está a 21 mil millones de kilómetros de distancia de la Tierra y viaja alrededor de 17 kilómetros por segundo. El Voyager 2, ligeramente más lento, se encuentra en el límite exterior de nuestro sistema solar y pronto se aventurará en el espacio interestelar.

Antes de los Voyager se tenían imágenes pobres de Júpiter y Saturno y nada más allá. Gracias a ambas sondas obtuvimos imágenes con mejor resolución de Júpiter, Saturno, Urano y Neptuno. También descubrieron 24 lunas, los anillos de Saturno, la luna de Júpiter, los campos magnéticos que rodean a estos planetas, volcanes activos fuera de la Tierra, indicios de un océano bajo una superficie helada y a Titán, el satélite de Saturno.

Cuando comenzaron las planeaciones de los Voyager, Carl Sagan y su inolvidable genio propuso introducir a las sondas el Golden Record. Para ello, trabajó en conjunto con un gran equipo: el jefe del proyecto Voyager fue Ed Stone; el director técnico fue el astrónomo Frank Drake, fundador del Search for Extraterrestrial Intelligence (SETI); Ann Druyan fue la directora creativa; el periodista científico Timothy Ferris produjo el disco; el artista espacial Jon Lomberg y la artista Linda Salzman Sagan fueron los diseñadores. Sagan dijo respecto a las motivaciones del Golden Record: “The spacecraft will be encountered and the record played only if there are advanced space-faring civilizations in interstellar space. But the launching of this ‘bottle’ into the cosmic ‘ocean’ says something very hopeful about life on this planet”.

Este disco fue producto de un enorme trabajo; los registros en blanco fueron proporcionados por Pyral S.A. de Creteil, Francia. CBS Records contrató el JVC Cutting Center en Boulder, Colorado para cortar los masters de laca que posteriormente fueron enviados al centro de procesamiento James G. Lee en Gardena, California para cortar y dorar ocho discos. El chapado en oro tuvo lugar el 23 de agosto de 1977. La portada del disco es de aluminio y, galvanizada sobre ella, contiene una muestra ultrapura de uranio-238, esto se debe a que el uranio-238 tiene una vida media de 4.468 millones de años. Los discos también tienen la inscripción grabada a mano: “A los creadores de la música, todos los mundos, todos los tiempos”.

Para definir el contenido del disco, el equipo tuvo que suponer un lenguaje que pudiera ser interpretado por formas de vida extraterrestres tanto sonora como gráfica y materialmente. El Golden Record contiene:

1.- Un saludo en inglés de la Secretaría General de la ONU

2.-Saludos en 56 idiomas (lenguas contemporáneas y antiguas)

3.-Sonidos de fenómenos naturales como: terremotos, erupciones volcánicas o rayos. Reproduce también el sonido de pájaros, grillos, ranas, lobos, perros, chimpancés y caballos, entre muchos otros animales. Contiene sonidos de la naturaleza como el viento, las olas y la lluvia; sonidos humanos como la risa, el llanto de un bebé, el llamado de una madre a su hijo, pisadas, un beso o los latidos de un corazón. También pueden escucharse trenes, buques, tractores y autobuses, entre otros medios de transporte.

4.-  ″Harmonices Mundi″ de Laurie Spiegel, pieza basada en “Música de las Esferas” de Johannes Kepler

5.- Una pista en clave Morse que contiene el mensaje per aspera ad astra que significa: “por el áspero sendero, hacia las estrellas”

6.- Música de distintas latitudes, desde Bach, Mozart, hasta Blind Willie Johnson, The Beatles y Chuck Berry.

7.- 116 fotografías que muestran distintas formas de vida en la Tierra, objetos, construcciones, animales, conceptos científicos y mapas. Engloba imágenes de definiciones matemáticas y químicas, de los planetas, esquemas de la composición del ADN, de la luz solar en el espectro electromagnético, diagramas anatómicos, retratos familiares, fotografías de distintas latitudes y monumentos como Monument Valley o el Taj Mahal.

8.- Una grabación con las ondas cerebrales de una mujer enamorada; las ondas pertenecen a Ann Druyan, la mujer que poco tiempo después de iniciar el proyecto Voyager se convertiría en la esposa de Carl Sagan. La leyenda y la obra de Druyan, Miles de millones, rescatan varios aspectos interesantes sobre la grabación de estas ondas. Se dice que cuando Ann fue invitada por Carl para que compartiera sus ondas cerebrales, meditó por semanas sobre qué pensaría durante la grabación, qué ondas enviaría al espacio para tal vez ser encontradas en millones de años por vida extraterrestre: consideró la posibilidad de recordar las grandes batallas épicas de la historia, construir una narración de la vida del planeta o disertar sobre conceptos filosóficos, pero, cuando llegó el momento y le colocaron los electrodos, Sagan se paró frente a ella y entonces supo que, por sobre todas esas cosas, las ondas que transmitiría serían las de una mujer enamorada. “Whenever I’m down,– explicó Ann sobre sus ondas cerebrales– I’m thinking: And still they move, 35,000 miles an hour, leaving our solar system for the great open sea of interstellar space.”

 

El disco tiene grabadas las instrucciones que permiten su reproducción:

En la esquina superior izquierda se muestra un gráfico del registro de fonógrafo y el lápiz óptico en la posición correcta para reproducirlo, todo explicado en código binario. También muestra el tiempo correcto de una rotación del disco –3,6 segundos– expresado en unidades de tiempo de 0,70 mil millonésimas de segundo, el período de tiempo asociado a una transición del átomo de hidrógeno. El dibujo señala que la grabación debe reproducirse desde el exterior hacia adentro. Además, indica el tiempo que dura la reproducción de un lado del disco, aproximadamente una hora.

La información en la parte superior derecha muestra la manera de decodificar las imágenes correctamente con las proporciones adecuadas.  

En la parte inferior izquierda de la cubierta se encuentra el mapa que muestra la ubicación del sistema solar con respecto a 14 pulsares.

En la esquina inferior de la derecha se puede observar un dibujo que muestra dos círculos: un átomo de hidrógeno en sus dos estados más bajos, con una línea de conexión y el dígito 1 para indicar la escala de tiempo fundamental para la decodificación del disco.

El Golden Record fue lanzado al mercado originalmente en 1978, y se volvió a editar en 1992 por Warner News Media en un CD-ROM. Posteriormente se descontinuó. El año pasado, debido al 40 aniversario, Ozma Records comenzó un Kickstarter para reeditar el álbum. Esta edición ya puede ordenarse y comenzará a distribuirse a mediados de febrero de 2018.

Los Voyager fueron la tecnología que nos permitió entender más sobre el espacio y sus misterios, pero no sólo eso, Voyager y su Golden Record nos dio información de la Tierra, nuestro hogar. Cuando el Voyager 1 estaba por abandonar el sistema solar, Sagan sugirió a los ingenieros que lo giraran y tomaran una foto que capturara un último vistazo de nuestro planeta: de ese “Pale Blue Dot”, un pequeño punto de luz de sólo 0,12 pixeles: su origen. Cuando se tomó esa fotografía, Voyager 1 estaba a unos 6.400 millones de kilómetros de distancia de la Tierra.  

 

“Mira de nuevo ese punto. Eso está aquí. Eso es mi hogar. Esos somos nosotros. En ella, todos los que amas, todos tus conocidos, todos los que alguna vez escuchaste, cada ser humano que alguna vez fue, que vivió su vida. El conjunto de nuestra alegría y sufrimiento, miles de religiones seguras, ideologías y doctrinas económicas, cada cazador y buscador, cada héroe y cobarde, cada creador y destructor de la civilización, cada rey y campesino, cada joven pareja enamorada, cada madre y padre, niño esperanzado, inventor y explorador, cada maestro de moral, cada político corrupto, cada ‘superestrella’, cada ‘líder supremo’. Cada santo y pecador en la historia de nuestra especie vivió allí – en una mota de polvo suspendida en un rayo de sol.

La Tierra es una etapa muy pequeña en una vasta arena cósmica. Piensa en los ríos de sangre derramados por todos esos generales y emperadores para que, en gloria y triunfo, pudieran convertirse en los maestros momentáneos de una fracción de punto. Piensa en las infinitas crueldades visitadas por los habitantes de una esquina de este pixel, en los habitantes apenas distinguibles de alguna otra esquina. Cuán frecuentes son sus malentendidos, cuán ansiosos están de matarse unos a otros, cuán fervientes son sus odios.

Nuestras posturas, nuestra importancia imaginada, la ilusión de que tenemos una posición privilegiada en el Universo, son desafiadas por este punto de luz pálida. Nuestro planeta es una mancha solitaria en una gran oscuridad cósmica envolvente. En nuestra oscuridad, en toda esta inmensidad, no hay indicio de que vendrá ayuda de otro lugar para salvarnos de nosotros mismos.

La Tierra es el único mundo conocido hasta ahora para albergar vida. No hay otro lugar, al menos en un futuro cercano, al cual nuestra especie pueda migrar. Visitar, sí. Asentarnos, todavía no. Nos guste o no, por el momento, la Tierra es donde vivimos nuestro estar.

Se ha dicho que la astronomía es una experiencia de humildad y construcción de carácter. Tal vez no haya una mejor demostración de la locura de los conceptos humanos que esta imagen distante de nuestro pequeño mundo. Para mí, subraya nuestra responsabilidad de tratar más amablemente con los demás, y de preservar y apreciar este punto azul pálido, el único hogar que hemos conocido”.- Carl Sagan

 

Ese punto azul pálido es nuestro hogar y se ha expandido a lo desconocido por los últimos 40 años gracias a un disco dorado. Nuestras dudas, nuestra curiosidad, viaja por la penumbra espacial impulsada por todos nuestros sonidos, todas nuestras imágenes, nuestras dudas y nuestro conocimiento; todo en aras de encontrarnos, tal vez, con otro pálido punto, en aras de descubrirnos un poco más, de descubrir lo que sea.

 

Da click aquí para escuchar todo el Voyager Golden Record.

 

 

Comentarios